FINANZAS
15 de mayo de 2026
Como economista y profesor universitario, a menudo me sorprende descubrir cuántos colegas y exalumnos carecen de conocimientos básicos en sus finanzas personales. En clase hablamos de macroeconomía, modelos financieros complejos, pero rara vez explican cómo manejar un presupuesto o invertir inteligentemente los primeros ahorros. Por eso dedico tiempo fuera del aula a compartir estas lecciones prácticas que “no enseñan en la escuela”.
Aquí algunos aspectos clave:
Presupuesto y ahorro: Saber hacer un presupuesto realista (ingresos vs. gastos) es fundamental. Recomiendo siempre destinar al menos el 10-20% del ingreso a ahorros, para tener un colchón ante imprevistos. Sin disciplina en esto, hasta un buen salario puede esfumarse rápido.
Intereses y endeudamiento: Entender el costo del dinero prestado es vital. Un crédito con 20% de interés anual puede duplicar la deuda en pocos años. Enseño que no todo préstamo es igual: hay deudas “buenas” (como un crédito educativo o hipotecario a bajo interés) y “malas” (tarjetas de crédito con tasas altas). Lo peligroso es no comprender los intereses compuestos: lo que hoy parecería pequeño, puede crecer mucho.
Instrumentos de inversión: Conocer alternativas para hacer crecer el dinero. Por ejemplo, hablar de cuentas de ahorro es solo el inicio. Lo ideal es aprender sobre fondos mutuos, bonos, acciones o bienes raíces. Personalmente uso este ejemplo simple: no invertir es también una forma de perder (la inflación hace que el dinero ocioso valga menos con el tiempo). Enseño a los jóvenes a diversificar: nunca apuesten todo a un solo instrumento.
Planificación tributaria y previsional: Saber cómo funcionan los impuestos y los aportes jubilatorios propios de cada país. Sorprende cuánto puede ahorrar alguien negociando correctamente su puesto de trabajo, pidiendo beneficios legales o aportando en planes de retiro de forma inteligente. Una lección que comparto es que aprovechar deducciones fiscales legales puede dejar más dinero en el bolsillo que muchos ahorros.
Manejo de emergencias: Comprar un seguro médico, de vida o de auto básico es algo que raramente se enseña, pero puede salvar finanzas personales. En mis talleres informales siempre digo que un imprevisto de salud o un accidente de auto puede arruinar a cualquiera si no estás preparado.
Hábitos mentales y negociación: Finalmente, hay una parte psicológica. Hábitos como postergar decisiones financieras importantes (una especie de procrastinación económica) o el miedo a invertir merecen abordarse. Además, negociar el salario o pedir un aumento no lo aprende en los libros de economía: yo mismo aprendí a pulir ese arte con la práctica y ahora animo a los jóvenes a prepararse para hablar con seguridad en entrevistas laborales.
Mi experiencia me dice que estas lecciones marcan la diferencia. Por ejemplo, al inicio de mi carrera susurraba “No sé nada de inversiones…”, pero pronto aprendí buscando asesoría y con prueba y error. Hoy, habiendo invertido en proyectos reales, puedo enseñar con ejemplos vividos: cómo decidí entrar en un fondo de infraestructura o por qué diversifico en mi portafolio.
En resumen, la educación financiera va más allá de fórmulas y conferencias teóricas. Es saber aplicar conceptos a la vida cotidiana. Siempre insisto: enseñar a ahorrar, invertir y planificar desde jóvenes es empoderar al profesional para tomar control de su futuro. Esas herramientas prácticas, que no siempre dan en la universidad, uno las adquiere con curiosidad y con buenos consejos.
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